ECUADOR (EFE).- Ecuador prevé desactivar más de 16 mil minas antipersonales que se encuentran enterradas desde 1995 en la frontera con el Perú, una tarea peligrosa a cargo de un centenar de soldados que forman parte del Comando de Desminado del Cuerpo de Ingenieros del Ejército.
Esta unidad especial del ejército ecuatoriano busca en las zonas minadas por militares de ambos países durante el conflicto bélico de 1995, en una misión que irá hasta el 2023, cuando se prevé declarar a Ecuador libre de ese tipo de explosivos.
Si bien ambos ejércitos se comprometieron a compartir información para ubicar, desactivar y destruir las minas enterradas, la tarea se tornó titánica, debido a que miles de ellas habían sido colocadas sin un procedimiento adecuado.
Se estima que la cantidad de minas sembradas sobrepasa el millón, aunque el grueso de las cuales fue retirado tras los acuerdos de paz. El cálculo del Comando de Desminado indica que son más de 16.000 minas las “sembradas” en determinadas zonas fronterizas de las provincias costera de El Oro, la andina de Loja y las amazónicas de Morona Santiago, Pastaza y Zamora Chinchipe, para lo que existe un trabajo de coordinación entre militares de ambos países.
EL OFICIO MÁS PELIGROSO DEL MUNDO
Este es “el oficio más peligroso del mundo”, porque se lucha contra un “enemigo invisible” que ha permanecido “escondido durante muchos años” y que conserva “la misma peligrosidad” que tenía en tiempos de guerra, señaló a EFE el teniente William Sánchez, comandante regional del Comando General de Desminado “Amazonas”.
Desde 2001, cuando en Ecuador empezó el “Desminado Humanitario” bajo un convenio con la Organización de Estados Americanos (OEA), se han retirado o desactivado 4.887 minas antipersonales, 74 anti-tanques y 9 artefactos explosivos o granadas sin detonar.
Para cumplir el objetivo, los ingenieros militares ecuatorianos usan varias técnicas, desde los perros adiestrados para detectar minas, un robot, excavación con maquinaria y el desminado manual, que sobre todo se utiliza en las zonas selváticas.
“Sembrar una mina cuesta un dólar, desactivarla cuesta mil” y es un trabajo en el que el personal “pone en riesgo su vida”, apostilló el capitán del Ejército chileno Joaquín Inostroza Avaria, uno de los “monitores internacionales” de la OEA que supervisan las acciones.
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