4/11/2014


TRUJILLO.- Taxista, este era el oficio del hombre que fue hallado muerto sobre el charco que formó su propia sangre en una loza deportiva del Alto Trujillo.

Si bien su identidad ya no es un misterio, aún se desconoce por qué y quiénes lo arrancaron de este mundo, de dos balazos en el pecho y uno en el brazo.

Como es de suponerse, sus familiares juran que no tenía enemigos. Los detectives, sin embargo, sospechan que se trata de una venganza orquestada por alguien que lo conocía.

MUERTE Y MISTERIO
El nombre del taxista que se suma a la larga lista de choferes asesinados en Trujillo es Antonio Aguirre Simón.

Tenía 32 años y por increíble que parezca lo rellenaron de plomo en una loza deportiva que no sólo está cerca de su casa, sino también a pocas cuadras de la comisaría del Alto Trujillo. El domingo, día en el que sus familiares y amigos lo vieron por última vez, salió a trabajar en su taxi.

Parecía ser un día como cualquier otro. Es por eso que al caer la noche su viuda Lucy Orbegoso Paredes lo esperaba junto a sus dos hijos, de 12 y 2 años.

“Pero Antonio no regresó. Lo que creíamos era que quizá trabajó toda la noche en su taxi, a veces lo hacía, pero el lunes tampoco volvió, y nos preocupamos”, manifestó su hermano al llegar a la agencia funeraria ubicada a una cuadra de la morgue.

Quienes lo conocían contaron después que el domingo vieron a Antonio Aguirre Simón alejarse con unos amigos con quienes iba a tomar cerveza. Esto sucedió después que guardó su auto en una cochera cercana.¿A dónde fue? ¿Con quiénes se fue? Esas preguntas todavía no tienen respuestas.

Lo cierto es que como a las 10 de la noche, los vecinos de Nuevo Florencia de Mora reportaron a la policía que escucharon varios disparos.

Cuando los agentes patrullaron la zona, encontraron en la loza deportiva del sector conocido como La Victoria, el cadáver de un hombre que después se sabría era el taxista.

El cuerpo yacía tendido sobre la sangre que le brotaba de tres heridas: dos del pecho y una del brazo izquierdo. Alrededor no se halló más que los tres casquillos de las balas que lo mandaron a la tumba.

En sus bolsillos no había nada, los asesinos además de su vida, también se llevaron sus documentos y su dinero.

Cerca de la medianoche, el cadáver ingresó a la morgue sin nombre y así permaneció hasta la noche siguiente.

¿UNA TRAMPA?
Los peritos de criminalística analizaron la escena del crimen. El cadáver estaba al borde de las graderías del campo deportivo y, como ya hemos dicho, tenía dos balazos en el pecho.

Según su hipótesis, la víctima estuvo sentado en una de las graderías, quien sabe si mirando un partido de fútbol cuando llegó su asesino quien se le acercó de frente apuntándole con una pistola.

Cuando vio que estaba a punto de recibir una lluvia de balas, a lo primero que atinó es a cubrirse el rostro con el brazo, como si eso lo fuera a proteger.

¿Por qué no escapó? La policía sospecha que o estaba ebrio o no estaba en condiciones de huir. Lo cierto es que las balas le atravesaron el pecho y un tercer disparo le cayó en el brazo.

Respecto a quien lo mató, la policía no descarta que se trate de uno de sus amigos, quizá alguno de los que lo invitaron a tomar cervezas para embriagarlo y aniquilarlo con facilidad.

Pero tampoco se desecha la posibilidad de que lo hayan matado por robarle sus pertenencias, esto debido a que la loza deportiva donde lo mataron es frecuentada por drogadictos que buscan robar a cualquiera con tal de conseguir pasta básica de cocaína.

La noche del lunes, Lucy Orbegoso y sus cuñados llegaron a la morgue y reconocieron el cadáver. Su búsqueda había terminado de una manera que jamás imaginaron. Hasta el momento, el misterio de quiénes y por qué lo mataron se mantiene.

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